Por Oscar Díaz Salazar
A los panistas de Tamaulipas les ordenaron participar en las elecciones (2024) de la mano de los priistas, a quienes apenas seis años antes habían podido derrotar.
Por una orden emitida en CDMX, tuvieron que aliarse con los que habían sido sus enemigos históricos, con los que fueron sus verdugos por muchos años, con esos que les habían hecho fraude, los habían violentado, los habían golpeado, les destruían su propaganda, les hicieron trampa en las casillas y en los órganos electorales, les robaron triunfos y nunca les compitieron en términos de igualdad y de legalidad.
Los panistas tuvieron que juntarse con los que usaban el presupuesto público para competir en las elecciones, con esos que en términos deportivos eran dueños de la cancha, el balón, el árbitro, los abanderados, la taquilla, el refresquero, el anotador, algunos jugadores propios, etc.
Es entendible que en la Ciudad de México existiera la disposición, de parte de los panistas, a juntarse con los priistas, y viceversa. Ambos llevaban veinte años fuera del gobierno (local) y no tenían agravios fuertes o recientes para reprocharse. Desde la oposición donde ambos estaban, PRI y PAN, era lógico y sencillo pensar en la conveniencia de unirse para derrotar a los morenos, que eran los nuevos jefes del barrio.
La agenda y la visión nacional se impusieron a rajatabla en todo el país y eso obligó a revolver el agua y el aceite, a juntar paridas con preñadas, a meter en el mismo paquete a individuos y grupos que tenían resabios que no podrían superarse por una decisión tomada en un escritorio chilango.
El centralismo que padecemos en nuestro país, también en materia política, es lo que define e impera y por eso es que se equivocan los que auguraban una ruptura entre el verde, el PT y morena, en Tamaulipas, por interés o conveniencia de actores locales.
La agenda nacional manda, y dicta que seguirán juntos los partidos que conformaron la coalición que ganó la presidencia de la república con la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, lo que significa que seguirán juntos el verde, el PT y morena, sin importar lo que digan los franquiciarlos del Verde, los cooperativistas del PT o los administradores de morena en Tamaulipas.
Esa misma visión centralista, aunque con un centro de gravedad dividido entre Monterrey y Guadalajara, es la que propone la coalición del MC con el PAN, que interesa a MC para conservar Nuevo León y Jalisco, y al PAN para mantener sus bastiones en la región del Bajío.
Regresando a Tamaulipas, les recuerdo que la senadora Maki Ortiz puede ser la candidata de la coalición gobernante, si logra enamorar (políticamente) al Niño Verde, que tiene raíces tamaulipecas, y se convierte en prioridad de ese partido, que puede ceder la candidatura de SLP a cambio de la entidad vecina.
PD En la historia de los desencuentros del PRI y el PAN, estoy seguro que los priistas también se sienten agraviados, aunque no puedo darles detalles, porque como espectador, y eventualmente como actor (de relleno), la viví y la atestigüe desde la oposición al PRI.
